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Lo Que No Me Mató de Niña, Me Hizo Fuerte Como Mujer
Escrito por: Zazil-Há Pereira

El 01 de mayo del 2001 desperté sin saber que ese día mi inocencia estaba por esfumarse. Tenía solamente 14 años. Ese día soleado de primavera la consejera de la escuela junto con mi madre y mi tía me dio a mí y a mi hermanita la noticia que la noche anterior nuestro padre había fallecido. Recuerdo haber sentido un enorme vacío en mi interior mientras mis lagrimas corrían como un río desbocado.  En un solo día, en un solo instante perdí a mi padre, a mi inocencia, y todo lo que mi vida había sido hasta ese momento.

Las circunstancias alrededor de la muerte de mi padre fueron bastante complicadas. Él, aunque murió en su patria, murió lejos de su esposa y sus hijas. Nosotras no tuvimos la oportunidad de verlo una última vez en su velorio, y mucho menos sostener la caja que contiene sus cenizas.

Las semanas, meses, e incluso algunos años después de que falleció mi papá realmente son un blur para mí. Claro, si tengo varios recuerdos como mi fiesta de XV años, las prácticas de fútbol, los proyectos escolares en casa de mis compañeros, las idas al club nocturno a partir de los 16 años, y el alcohol. Pero todo lo demás es como un espejismo. Aunque mi cuerpo siempre estuvo presente, viví varios años estando ausente.

Algo paso en mi a los 19 o 20 años. Sin darme cuenta, comencé a despertar. Por primera vez, desde que murió mi papá, sentí mi corazón palpitar. Fue algo indescriptible. Es como si de repente la luz, mi luz, se encendió. Por primera vez en varios años, por fin estaba presente.

En cuanto tomé la decisión consciente de siempre seguir el latido de mi corazón decidí cambiarme de licenciatura pese a quien le pese y cueste lo que me cueste. Tenía la determinación de encontrar algo que me llenará y que me hiciera feliz. Mi madre, que Dios me la bendiga siempre y me la mantenga sana y salva por muchos años más, aunque no estaba al 100% convencida con mi decisión, me apoyó.

Me enfrenté a mucha critica. Me llamaron pendeja, y algunos hasta tuvieron las agallas de criticar a mi madre. Pero nada de eso me detuvo de que yo hiciera lo que se me pegara la gana. Y así fue, así ha sido y así seguirá siendo.

Mi niñez y la primera parte de mi adolescencia desempeñó un papel muy importante durante la segunda mitad de mi adolescencia y en los primeros años de mis 20’s. El amor y el cariño que me dieron mis padres a pesar de mis berrinches, mis exigencias, mis desplantes, y hasta mis insultos fue fundamental para salir del lugar oscuro y tenebroso en el que pase varios años.

Ahora, a mis ya casi 32 años (y con mucho orgullo) me doy cuenta de que ese día de mayo del 2001, la Vida desencadenó una serie de eventos que me enseñarían la lección más importante:

Sé feliz a como de lugar.

Quizás ahorita te encuentras en un momento de tu vida en la cual no sabes ni que hacer contigo misma. Sientes que la Vida te está jalando en mil direcciones y que no tienes lo necesario para forjar tu propio futuro.

Hoy te digo, hermana, todo lo que necesitas para forjar tu destino está dentro de ti, en tu corazón. Toma el tiempo necesario para escucharlo, para sentirlo, y para explorarlo.

No tengas miedo, que lo peor que te puede pasar es ser feliz.

Zazil -Há Pereira


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