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Mompox
El Verdadero Realismo Mágico

De esos pueblos que quedaron atrapados en el olvido del tiempo y el silencio de un rio que se olvidó de su curso y decidió seguir otro camino. Los almendros empolvados en las calles desérticas que a medio día se ven agobiadas por el sol intenso de una tierra que el inverno no conoce. Las señoras que quedaron en espera de sus hijos que prometieron volver, pero nunca lo hicieron, se abanican lentamente en las mecedoras que dan al patio interior de la casa tratando de olvidar el bochorno de la tarde e ignorando el sudor que corre por sus piernas pegajosas escondidas bajo enaguas desgastadas. Las negras cocinando algo de arroz y pescado, un dulce de limón para endulzar hasta la amargura más pesada y un jugo de alguna fruta tropical a punto de dañarse.

Parece que hasta el viento se olvidó de Mompós, parece que la lluvia no sabe si quiera que existe, parece que los barcos nunca volverán, parece que solo quedaron los que nunca se fueron. En medio de esta isla rodeada por agua dulce que va firmemente a encontrarse con el mar y que se lleva los sueños de su gente que algún día era muy poderosa y hoy solo es gente de aquí pero nunca de allá, Momposinos, con honores y sin reproches, esperando que su tierra vuelva a un pasado que ya no recuerdan.

En cada casa, en cada balcón se escuchan sonetos de amores que ya no existen, de parejas jóvenes riéndose a escondidas esperando que el calor no los consumiera antes que el amor lo logrará. Aquellas mansiones donde el oro era solo un estorbo en el camino, donde la pobreza estaba demasiado lejos o tal vez demasiado cerca para que sus habitantes la notarán. Esas mansiones de marquesas descaradas, de esclavos callados, de naturaleza salvaje rodeada de cuartos arreglados al mejor estilo español.

Mompós fuiste la gloria de un libertador, fuiste la riqueza de todo un reino, fuiste el centro del oro sacado de las entrañas de tus tierras. Hoy Mompós eres el cuento vivo, la evidencia de que la realidad no existe sin magia, eres esa tierra a la que pocos llegan, pero todos nos enamoramos.

Hoy en Mompós solo queda el recuerdo de lo que un día fue una de las ciudades más importantes de Colombia, que paso por el olvido del rio Magdalena que cambio su curso dejando enterrado en el pasado esta pequeña ciudad. Mompós termino siendo un retrato vivo del romanticismo colonial, de la ostentación española, de la conquista sin escrúpulos, de la libertad de 5 naciones, de un libertador glorificado y luego apedreado. De la mezcla de razas, de naturaleza indomable, del realismo mágico que Colombia respira y en este lugar nace.

Las mansiones ahora son hoteles, las iglesias se turnan los días de la semana para abrir a los feligreses, las plazas esperan calladas a que el sol baje y caiga sobre ellas La Luz roja de un atardecer como pocos en el mundo; el rio sigiloso pero persistente sigue su destino y la vida pasa sin pasar en este pueblo donde la calma es la regla general. Sus calles antes llenas de españoles, criollos, indígenas y negros; hoy las recorren momposinos que saludan a todos con la mejor sonrisa y de extranjeros demasiado blancos para soportar el peso del sol de mediodía, con sus bitácoras en la mano, el repelente de mosquitos que parece ser más bien su alimento favorito y ya con un abanico en la mano y hasta meciéndose a la orilla del rio olvidados de sus vidas lejanas llenas de gris.

Al llegar a esta tierra mágica el color te saluda, las 7 iglesias que existen en su pequeño territorio te invitan a adentrarte en un modo callado, su gente te invita a sentarte en su patio y ser parte de sus vidas, el atardecer alimenta el amor de tu alma y finalmente la noche cae lentamente en medio del despertar de las plazas y el silencio de las casas. El calor nunca termina, el bochorno es el estado natural de Mompós, los mosquitos tu enemigo perpetuo y finalmente La Paz de adentro es lo que deja esta tierra olvidada en ti. Es difícil decirle adiós, es imposible olvidarla y sinceramente nunca se logrará superar la magia que se vive en sus calles siempre será como si el tiempo se hubiera detenido, el polvo de los almendros se hubiera acumulado por siglos en espera del viento. Los que hemos estado aquí sabemos que el agua siempre nos conectará a Mompós, porque sus sueños, sus lamentos, sus historias y sus alegrías viajan con el pequeño brazo de rio que les queda esperando que muchos más se atrevan a conocer sus tierras.

Atrévete a conocer Mompós y su magia.

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